La Filosofía del Bambú

Todo el mundo sabe, y sino nosotros os lo contamos, que el bambú es una planta aunque puede alcanzar el tamaño de un árbol (hasta 30 metros). Su origen es indio. Crece en ambientes tropicales de Asia y existen más de 239 tipos de Bambú.  

En Indonesia la llaman, por su fuerza, la hierba de acero, con ella construyen casas y tal es su resistencia, que puede mantener a un oso panda adulto subido a ellas sin romperse no resquebrajarse.

¿Y qué hay de curioso en esta planta que nos lleva a sacar una filosofía con su nombre?

 “Pues su paciencia”

Es una filosofía de la cultura japonesa, ya que es lo que pasa con el bambú japonés.

Cuando tienes un bambú los primeros años crees que no crece, en realidad la semilla no cambia durante los primeros 7 años. Pero solo hay que tener paciencia. En los primeros años de vida de un Bambú lo que está haciendo es afianzar las raíces, profundizando en la tierra para asegurarse agua y fuerza (firmeza), por eso el agricultor no lo ve casi crecer.

Sin embargo, después de 7 años y en solo unas semanas (aproximadamente 6) la planta del Bambú se pone a crecer pudiendo llegar a medir más de 30 metros. Guauuu!!!  

Moraleja: tened paciencia en los proyectos e invertir hacen que se obtengan resultados.

Uno de los ejemplos más famosos e importantes para la humanidad de Filosofía del Bambú fue el Proyecto Genoma Humano. El genoma humano es la secuencia de ADN de un ser humano, este está dividido en fragmentos que conforman los 23 pares de cromosomas distintos de la especie humana. El genoma humano está compuesto por aproximadamente entre 22500 y 25000 genes distintos. Cada uno de estos genes contiene codificada la información necesaria para la síntesis de una o varias proteínas (o ARN funcionales, en el caso de los genes ARN).

El «genoma» de cualquier persona (a excepción de los gemelos idénticos y los organismos clonados) es único.

En 1990 se lanzó el ambicioso objetivo del Genoma Humano, con un presupuesto asignado de seis millones de dólares y una previsión de 15 años. En 1997 se había consumido la mitad del presupuesto y tan solo habían sido capaces de secuenciar el uno por ciento. Por aquel entonces, les llovieron las críticas a los investigadores implicados. Se pensaba que era un absoluto fracaso, que a ese ritmo iban a necesitar 700 años hasta conseguirlo. Craig Venter, uno de los investigadores principales, recibía llamadas y consejos de amigos que le sugerían que abandonara el proyecto, porque iba a ser una calamidad para su carrera, e incluso que devolviera el dinero gastado. Pero Venter y el equipo continuaron con fe, mucha paciencia y quizá con el convencimiento de que muchos aprendizajes están sometidos a los crecimientos exponenciales, que no graduales. (Como el Bambú ). Y así sucedió. En 1997 estaban a la mitad del camino y habían conseguido lo más difícil. En 2001 se secuenció el genoma humano con un presupuesto inferior al establecido. “Los expertos se habían equivocado en 696 años”, dijo el experto matemático Salim Ismail, coautor de Organizaciones Exponenciales.